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El joven lord Berners recuerda, al comienzo de estas memorias de infancia, la primera vez que fue consciente de su existencia, una existencia, tan privilegiada como extraña, que se desarrolla en una mansión neogótica de la campiña inglesa, en el seno de una familia obsesionada por la caza del zorro, la equitación y el ideal de la masculinidad victoriana. Berners pronto descubre su absoluta ineptitud para los deportes, su condición de pésimo jinete y su inclinación irremediable por la música, las muñecas y el arte. Sus rarezas, sus bromas y sus experimentos, cada vez menos tolerables, harán que acabe en un internado destinado a «hacer de él un hombre». Bajo la tutela del señor Gambril, cuyos métodos recuerdan más a los de un carcelero que a los de un educador, Berners tendrá que desenvolverse en un ambiente educativo rígido, pero no exento de descubrimientos de todo tipo, también afectivos. Quintaesencia del aristócrata inglés excéntrico, Berners describe a su entorno familiar sus antagónicas abuelas, la odiosa prima Emily, a sus vecinas, a su institutriz suiza o a sus compañeros y profesores del colegio con
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