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Ilaria Tagianotte nace el 31 de mayo de 1699 en la ciudad de Venecia, representada por el pintor Tiepolo como una mujer soberana y en alianza mítica con el dios del mar; en la ciudad sobre pilotes, rodeada de agua por todas partes, dividida en dos por un canal y en un período donde el gran apogeo político y económico de la República entró en declive y se vio desplazado por un esplendor cultural y de refinamiento artístico donde se popularizaron el carnaval y las fiestas fastuosas, transformando la ciudad en un espacio de ocio y espectáculo.
En este inigualable escenario barroco, Ilaria nace a una primera vida, bajo un cielo azul veneciano que tras la lluvia es presagio de lo mejor, como un símbolo del agua creadora para vivir elevándose; y, a una segunda, por el bautismo de fuego que surge bajo sus dedos y crece ardiendo en llamas desde su interior con la vibración de la voz de oro que brota de su violín. Pero otro gran fuego llegará en su decimoquinto cumpleaños como una gran marea que derribará los muros del convento que la protegían y aprisionaban a la vez, alejándola de la ternura conocida hasta entonces. Un incendio que íntimamente ligará en el corazón de la joven la música y el despertar de la pasión amorosa.
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