En algunas ocasiones las existencias pueden estar erróneas o no se lo podremos conseguir en el plazo señalado. Confiamos en su comprensión y le agradecemos la confianza depositada. Esperamos no defraudarle.
La especie animal más dominante de la historia, el Homo sapiens, podría morir de éxito. El cerebro que nos llevó a la Luna nunca dejó de ser el mismo que movía a nuestros ancestros del Paleolítico, el que les mantenía en permanente alerta frente a depredadores y otros peligros mortales. Un cerebro tribalista, preparado, no para hacernos felices, sino eficaces, en un mundo en el que era cuestión de vida o muerte ver las cosas en blanco y negro: amigo/enemigo, predador/presa, lucha/huida, comestible/no comestible. Cuando el mundo cambió ?cuando lo cambiamos?, él ?nuestro cerebro? apenas lo hizo; siguió siendo impulsivo y pendenciero, dominado por las emociones y obstinado en crear antagonismos, y nos volvimos «La especie inadaptada». Ese desajuste se manifiesta en nuestros cuerpos, con enfermedades físicas y mentales propias del mundo moderno, y también en nuestros comportamientos. En concreto, nos ha hecho tribales, seres que aman a los suyos, pero que rechazan e incluso odian al extraño. Nuestro cerebro paleolítico no ve más allá de sus narices. José Montero Omenat escribe sobre todo esto y, en especial, sob
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