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El cuerpo de un jesuita aparece asesinado en el conflictivo barrio barcelonés de La Mina. Trabajaba como cooperador social en un centro de la parroquia. Su cometido se centraba en la tutela espiritual de jóvenes con problemas. Lo inusual del crimen levanta una considerable polvareda. Tratándose de un miembro de la Iglesia, las llamadas a la cautela y discreción aparecen rápidamente en la investigación del caso. Son la inspectora Petra Delicado y el subinspector Fermín Garzón los encargados de llevar adelante las pesquisas. En la autopsia del cadáver se descubre que el jesuita era alcohólico, un detalle importante y extraño. Las primeras sospechas recaen sobre los muchachos más pendencieros que asistían a sus ?clases?, pero el caso empieza a extenderse por vericuetos inesperados y complejos. Nunca Petra y Garzón se habían enfrentado a un caso más trabajoso, más intrincado, más aparentemente inexplicable. Para colmo, la inspectora no está en su mejor momento. Sobrelleva como puede el duelo por su marido recientemente fallecido. Su subalterno y amigo intenta ayudarla con buena voluntad y escaso éxito. Estamos
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