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La vida de Louise cambia por completo cuando su gato, tras diecisiete años juntos, muere. Mientras, desolada, lo entierra junto al río Yonne, encuentra una fortuna: un tesoro de monedas y restos de otra vida. Su nueva suerte sacude su hasta entonces inmóvil existencia y la empuja a seguir el incansable rumbo del agua. La corriente la arrastra de ciudad en ciudad hasta llegar a Italia. En Capri conoce al comedido Luigi, un hombre elegante, cargado de silencio y predilección por la soledad. Sus travesías se trenzan: en las islas de Procida e Ischia encuentran la luz y la sombra, la belleza y la ruina. A la vez, Louise va percibiendo en cada rincón un eco de su memoria, de su infancia, y la necesidad de resolver, por fin, la misteriosa ausencia de su madre. Quignard traza un relato sobre la vida que se desplaza y la que se desvanece. El viaje exterior, nacido de un entierro, deviene una exploración íntima, el más profundo de los desenterramientos. Cada pérdida lleva a lo inesperado, mientras el duelo invita a dejarse llevar, a descender hasta el fondo para emerger a la superficie con un nuevo tesoro.
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