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Antes de convertirse en el Dios Rey de Azyr y en el salvador de los Reinos Mortales, antes de que el Viejo Mundo pereciera en los fuegos del Fin de los Tiempos, antes incluso de la fundación del Imperio, Sigmar fue un hombre mortal. Siendo el joven cacique de la tribu de los unberógenos salvó al gran rey de los enanos y se ganó la amistad eterna del pueblo de las montañas.
Cuando una poderosa horda de orcos amenazó sus tierras, unió a las tribus de los hombres para enfrentarse con ellos en el Paso del Fuego Negro. Desbarató el sitio de Middenheim e hizo retroceder a las fuerzas del Caos. Con su victoria sobre el gran nigromante Nagash salvó la humanidad, garantizó el futuro del Imperio y dio los primeros pasos en el camino que lo llevaría a convertirse en una divinidad. Sus hazañas son legendarias. Esta es su historia.
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