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«La potencia de este libro es infinita. La historia de la mujer borrada es tan infinita como la historia de cualquier mujer que decida ser dueña de su propia vida.» Del prólogo de Carmen G. de la Cueva. El sol se pone en la autovía del Norte mientras Nathalie huye de Madrid. Huye de una relación asfixiante con un hombre celoso y autoritario. De una casa a la que nunca pudo llamar hogar porque es como una herida abierta que le recuerda todos los días que su vida es un fracaso, tal y como atestigua su historial de trabajos precarios, y como evidencian los lienzos y el material de pintura olvidados en uno de los cuartos. También huye de la incomprensible muerte de su hijo Gabriel, de la pena por perderlo, de la frustración por no poder ayudarlo y de la rabia por no haberlo protegido. Así comienza la historia de Nathalie el día que decide salir de la parálisis en la que vive y recuperar su vida. Por el camino a los infiernos, Nathalie se ha dejado los sueños y aspiraciones de la infancia. Excluida de su propia vida, siempre ha actuado según los deseos y las expectativas de los demás. Siempre viviendo en segundo
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