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¿Cómo se atrapa a la máscara más esquiva del carnaval? ¿Cómo se retrata al santo más proteico del calendario? Con palabras, claro, pero nunca por mucho tiempo, ya que el bendito personaje (Bob Dylan, naturalmente) cambiará enseguida de disfraz o se bajará del altar antes de que terminemos el dibujo. De ahí que la estampa menos deficiente consista en esa figura movediza y paradójica construida por el propio cantante a lo largo de sus múltiples avatares y reflejada de forma discontinua en las treinta y una conversaciones que recoge este volumen. Van desde los primeros sesenta hasta nuestros días, y tomadas en su conjunto constituyen el mejor documento para aproximarse a la evolución permanente (y a la revolución intermitente) del hombre que hace casi cincuenta años se presentó con una guitarra y una armónica en el Village neoyorquino. Jonathan Cott ha incluido en esta ineludible antología las seis grandes entrevistas publicadas por Rolling Stone, la ya legendaria conversación con Nat Hentoff (Playboy, 1966), un mano a mano con Sam Shepard convertido por éste en diálogo teatral (Esquire, 1987) y, last but not least, la grotesca plática sostenida por el cantante con A.J. Weberman, ministro de defensa del Frente de Liberación Dylaniano (East Village Other, 1971).
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