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En el momento de máxima tensión en la cristiandad, y a punto de escindirse la Iglesia Católica, el emperador Carlos V llama al más brillante de sus diplomáticos, don Diego Hurtado de Mendoza, escritor, humanista y miembro de una de las familias más poderosas de la España de los Reyes Católicos y sus descendientes: los Hurtado de Mendoza. La misión encomendada es analizar los ritos y costumbres del clero y las órdenes religiosas para, en un gran concilio de la cristiandad, unificarlos con la intención de evitar el cisma. Cuando se dirige a abrir el Gran Concilio de Trento, la inestabilidad política y militar del Mediterráneo, le obliga a cambiar de planes para dirigirse a Venecia, donde cumplirá una misión urgente encomendada por el Emperador. La vida en la República de los canales, las intrigas políticas y ambiciones de poder de los senadores y su amor por el oro, son los hilos que el embajador del Emperador tendrá que mover para conseguir que el Dogo, máxima autoridad de Venecia, no se alíe con el Gran Turco contra Carlos V. Durante su viaje a la República italiana, se verá envuelto en una conspiración para asesinar a la familia del Emperador con la más mortífera de las armas: «El pecado de Indias», un arma biológica hasta ahora desconocida
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